Se vistió de vuelos y colores sagrados, camino decidida y el mundo era ligero y amable. Nunca pensó que en unos días avanzaba más que en 40 años. El sol abrasaba y la abrazaba. Antes de salir pintaba sus ojos de fiesta y luz, las tinieblas sombrías se despedían de sus ojos y volvían donde pertenecían. El reloj no entendía como a veces era certero y ahora la mujer de las alas lo atravesaba hasta el último engranaje. Tú no gobiernas las metamorfosis, le gritaba la mujer al desorientado reloj. Yo ahora camino por encima del tiempo y viajo a la velocidad que sea precisa. El reloj la vio avanzar y retroceder por encima de la línea lógica... Antes, después, mañana, ahora, nunca, se disolvian el andar firme y avasallador de la mujer alada. En su regreso del viaje de todos los tiempos, la esperaba su gato. Su gato había muerto el mismo día en que ella resucitó, ella con manos y alas le dio gatuna sepultura y caminó entendiendo que esos eran los plazos para vivir, p...